Cuando de competencias laborales se trata, hay que analizar y contemplar con detenimiento todas las variables necesarias para garantizar un buen desempeño. Al hacer esto, se puede determinar qué tan eficiente se es en una actividad. De forma general, para determinar si una persona es lo suficientemente productiva para desarrollar un rol, principalmente se evalúan sus habilidades duras, al saber hacer, es decir: que sepa del tema y que tenga determinada experiencia haciéndolo. Sin embargo, hay que tener en cuenta que es conveniente complementar estas habilidades con otras, para obtener resultados más significativos a la hora de ejercer una labor, este indispensable lugar está reservado para las denominadas habilidades blandas.

Todos nosotros en algún momento hemos interactuado con personas que, como decirlo, son: talentosas, capaces e inteligentes. Sin embargo, a la hora de socializar y resolver situaciones con terceros su desempeño no es tan eficiente. Pues bien, algunos profesionales se enfocan más en el desarrollo de sus habilidades duras que en las habilidades sociales y comunicativas, en suma conocidas como habilidades blandas, esto se debe mayormente a que en muchas ocasiones y en muchos trabajos se pasa por alto la necesidad de desarrollar las habilidades sociales.

Tipos de competencias tan importantes como: liderazgo, capacidad de negociación, inteligencia emocional, creatividad, por solo mencionar algunas, sólo emergen cuando el individuo ha desarrollado sus habilidades sociales y comunicativas. Estas además tienen entre ellas características comunes: no son cuantificables, es decir, que su medición se refleja en el comportamiento y en la forma de resolver conflictos. Los ejemplos más populares los encontramos en habilidades como la generosidad, empatía, la resiliencia, la asertividad y la tolerancia al cambio.

Ahora les hago una pregunta: ¿Qué tan fácil ha sido adaptarnos a los cambios actuales?

La forma como comprendemos, aceptamos y enfrentamos los entornos cambiantes es una habilidad blanda por excelencia, se denomina gestión del cambio, necesaria aún más en estos momentos retadores que transcurren. Estamos viviendo una época de profundos cambios: económicos, laborales, sociales, todos los sabemos. Y es inminente, aceptar las herramientas digitales como un recurso que llega para quedarse.

En entornos tan dinámicos y complejos como el de la propiedad horizontal, donde dicho sector compone el 75% de la distribución del área construida de Bogotá de acuerdo al Censo Inmobiliario 2019. Las plataformas digitales generan valor ofreciendo servicios que simplifican las relaciones, brindan soluciones para acercar a los residentes entre ellos y a estos con su administración, es decir que a pesar de ser “programas” dentro de sus funciones ayudan al desarrollo de las habilidades blandas, a través de herramientas que facilitan la comunicación, la toma de decisiones y la resolución de conflictos.

¿Cómo es esto? Estas plataformas son en esencia herramientas de comunicación, herramientas sociales y mientras se construyen y se implementan, teniendo en cuenta su propósito, cumplen sus funciones de una forma más amable, más intuitiva y generan en gran parte el cambio al que nos vemos avocados en este tiempo; al facilitar la comunicación y relacionamiento, tanto de los residentes como administradores y demás actores que componen la propiedad horizontal.


Este artículo es parte de nuestra serie de publicaciones de invitados. En esta ocasión es un aporte de Luis Jorge Pérez Martínez, Gerente operativo de YR Consultores Desarrollo Sin Límites (www.yrconsultores.com.co).